Colegio de Verano, Un servicio de BSAsolutions | Centro de Formación

Recortes

Colegios de Verano - Información Actualizada: 19 Noviembre 2009 por : Dirección

Fracaso Escolar: hora de actuar


Es momento de acción. Mi anterior artículo sobre fracaso escolar comenzaba con un “Es momento de reflexión”: creo que ahora procede este otro porque se abre un nuevo curso académico, han acabado las vacaciones y todos nos forjamos nuevos propósitos, nuevas metas. La comunidad educativa no debemos ser ajena a ello: afrontemos de nuevo el problema.
Decía entonces que la familia es el núcleo básico en la formación de los hijos, decía también que ésta debe involucrarse especialmente en ella y no mirar para otro lado. Todos somos conscientes de la dificultad de conciliar vida laboral y educación, pero debemos conjurar el maldito “tiempo”: la calidad del mismo se me antoja aquí por encima de la cantidad, porque educar en la responsabilidad es fundamental, pero la responsabilidad no solamente se exige, también se transmite, se comparte, “se educa en la responsabilidad”.
¿Y qué podemos hacer los padres para implicarnos en lo que no es sino nuestra obligación? Quizá buen principio pudiera ser elaborar conjuntamente un horario con nuestros hijos en el que queden debidamente delimitadas las horas académicas (incluidas tareas en las que también los padres deberán dedicar su tiempo, el que puedan, pero un tiempo, al igual que existe un horario laboral) y las horas de ocio (planificando y delimitando ese ocio: utilización de ordenadores y juegos, televisión; salidas con los amigos…) ; deberemos buscar espacios para hablar con ellos (asumiendo cada parte su rol: no es necesario ser “amigos”, pero sí tener confianza y respeto mutuos): la lucha constante conduce a poco; fomentar la autoestima, huyendo del derrotismo ; valorar, motivar e incentivar los resultados, siempre que sean producto del esfuerzo y la responsabilidad ; asistir a las reuniones con profesores y tutores: estar en contacto con el colegio e instituto, evitando siempre el enfrentamiento con los educadores y en ningún caso desautorizarlos ante nuestros hijos ( todos estamos en el mismo barco); fomentar la lectura y la práctica del deporte…
Y los educadores también deberemos actuar exigiendo mayor implicación y, en algunos casos, menor beligerancia por parte de algunos padres. Exigiendo también un apoyo más efectivo y real por parte de las instituciones educativas en lo que respecta a la necesaria formación, que nos exige tener que impartir clases en grupos tan heterogéneos; heterogeneidad en el más amplio sentido del término: multicultural, intelectual, social… con unos ratios pensados y programados para grupos mucho más homogéneos. Debatiendo y planteando si la promoción de curso, independientemente de los resultados obtenidos en el anterior, y si la supresión de las pruebas de septiembre están ayudando en la mejora de la calidad de la enseñanza. Y, por último, reflexionando si realmente muchos de nosotros no nos limitamos a la estricta impartición de nuestras clases cuando “educar” no sólo es “enseñar”.
Y las administraciones deberán preguntarse : ¿Afrontar la competitividad en todos los niveles del sistema educativo, especialmente en secundaria y bachillerato, a la vista de los alarmantes informes que nos sitúan en los últimos puestos de Europa, no requerirá escuchar más a los agentes implicados, replantearse si los cuantiosos recursos invertidos en educación van en la línea correcta?, ¿Será determinante y prioritario en la lucha contra el fracaso escolar dotar a los colegios e institutos de pizarras digitales y ordenadores portátiles?
Es ya hora de actuar.
Miguel Ãngel Heredia García
Presidente Fundación Piquer

 

La autoridad del profesor

La propuesta de la Comunidad de Madrid sobre la consideración de los docentes como autoridad a efectos penales me parece en principio adecuada, y así parece que lo considera la mayoría social. Cómo se ha llegado al punto de degradación de las relaciones docentes/alumnos, debería ser un punto de partida para aproximarnos al problema.
La falta de motivación, la crisis de valores como la responsabilidad y el esfuerzo y las consecuencias de no ejercerlos, la heterogeneidad del alumnado, la dejadez de algunos padres, la cultura del éxito fácil, la incomunicación familias/comunidad educativa, la tendencia a responsabilizar a los docentes de las faltas de indisciplina de sus hijos, dar todos los caprichos sin exigir nada a cambio, la falta de sintonía entre lo que se estudia en las facultades de educación y lo que luego debe trasmitirse en el aula y, una vez ejerciendo la docencia, la falta de una verdadera política de formación permanente del profesorado enfocada a la realidad del día a día, son algunos de los factores que han influido en llegar al punto en el que estamos.
Pero cuidado: aquí no se trata de buenos y de malos, de si la educación de antes era mucho mejor y la de ahora no sirve para nada: han existido y existen excelentes docentes. Esta polémica me recuerda a aquello que hablaba Ortega de la ingénita extremosidad del español y no seré yo quien contradiga a tan ilustre pensador; porque no sé cuánto tiempo las palabras disciplina, autoridad, castigo… se han convertido en tabú porque parecía que recordaban a otros tiempos y eran sinónimo de militarismo, fascismo, tortura, etc. ¿Pero sabemos en realidad qué es disciplina, qué supone el principio de autoridad que ahora queremos introducir en el código penal y que castigar no es maltratar?
Disciplina no es sino cumplimiento de unas normas de convivencia que nos atañen a todos: ¿de qué se tratan las normas que rigen en cualquier institución, empresa, colectivo…?, ¿de qué se trata cuando en cualquier organización debe observarse una estructura, un organigrama y una distribución de roles?, ¿No existen consecuencias por incumplimientos de normas establecidas?: ¿acaso no nos aplican un recargo si no pagamos a tiempo un impuesto, acaso no tiene consecuencias llegar tarde al trabajo o no cumplir con una obligación a tiempo?
De nuevo se trata de los términos, no de lo que realmente éstos significan. Pero no nos equivoquemos: la autoridad es efectiva cuando media el respeto y el respeto es muy difícil de imponer y de improvisar: el respeto no se adquiere ni chillando más, ni castigando más ni suspendiendo más y tampoco siendo más condescendiente, más colega… el respeto empieza por respetarse en primer término a sí mismo, en ser consciente de cuál es la labor del “docente” más que del profesor y todo lo que ello implica y eso sí que no lo mide ninguna oposición ni se impone mediante ningún decreto.
Y lo que no pueden hacer los padres es trasladar al colegio lo que son sus responsabilidades. Si hay alumnos que no respetan las normas del colegio, a los profesores, a sus compañeros… ¿están siendo educados en estos y otros valores en su casa? Porque no deberemos exigir a los demás lo que nosotros somos incapaces de conseguir.
Dejemos de una vez de echarnos la culpa unos a otros y conformemos una verdadera comunidad escolar donde todos cumplan con sus responsabilidades.
Miguel Ãngel Heredia García
Presidente de la Fundación Piquer

 

FRACASO ESCOLAR: Una reflexión

Es momento de reflexión.

El término fracaso se nos antoja duro, pero debemos perder el miedo: fracasar en la consecución de una meta no es ninguna enfermedad incurable: es una situación temporal a la que debemos hacer frente en el momento adecuado.

¿No les parece que cuando en un país el 33% de los estudiantes no terminan la ESO (un 31 % en Aragón), son cada vez más los alumnos escolarizados que no alcanzan los niveles básicos de operaciones matemáticas, comprensión oral y escrita, es cada vez mayor el absentismo escolar… todos somos un poco culpables y todos debemos interactuar?

¿No será más fácil que atajemos estas situaciones si comenzamos con los niños en edad temprana, desde primaria, cuando disponemos de mucho más margen de actuación?, ¿no deberemos plantearnos si la ESO está cumpliendo sus objetivos iniciales?, ¿no será necesario replantear la calidad y cantidad de las asignaturas curriculares del bachillerato y cuáles son los objetivos que se persiguen con ellas?

Entiendo que las familias son el núcleo base para la formación de sus hijos y en consecuencia deben realizar un esfuerzo por involucrase en el problema, so pena de verse sumergidos en él. Existe un déficit de control por parte de los padres a causa, en muchos de los casos, de la dificultad para conciliar vida laboral y familiar.

Los profesores y educadores tampoco debemos abstraernos del problema: alguna responsabilidad tendremos cuando un alto porcentaje de nuestros alumnos padecen situaciones de fracaso escolar.

Y las administraciones deberán preguntarse si las cuantiosas inversiones van en el camino correcto, porque el hecho evidente es que el fenómeno, lejos de disminuir, va en aumento: ¿será acertada la política de promocionar de curso a alumnos que no han superado los conocimientos básicos del curso anterior?, ¿estamos seguros de que eliminar las pruebas de septiembre beneficia al alumno?

Entre los factores que influyen en el fracaso escolar citaré, a modo de inventario, algunos que me parecen determinantes: ausencia de valores- esfuerzo, responsabilidad…-; grandes dificultades de comprensión lectora y oral; falta de hábitos y métodos de estudio: déficit de atención y concentración; baja autoestima personal y académica; falta de autonomía en la programación de tareas…

Es decir, los resultados escolares no dependen exclusivamente de las capacidades, sino más bien de los hábitos y métodos de estudio, de la recuperación de la autoestima, de la adquisición de los conocimientos necesarios que posibiliten una progresión lógica (¡Qué complicado es entender las matemáticas de 4º de la ESO si, no superando las de 3º, promocionó de curso!), etc.

Y, por lo que a los padres respecta: nunca debemos perder el principio de autoridad (ellos están en edad de equivocarse); educar en la responsabilidad (concepto clave); apoyar en las tareas escolares (hay que conjurar el enemigo tiempo); poner franjas de utilización a los juegos y nuevas tecnologías, buscar el equilibrio entre ocio y tempo libre y trabajo académico; fomentar la autoestima y vencer el derrotismo; controlar el ambiente en que se desenvuelve; motivar (siempre a través del esfuerzo); encontrar tiempo para la relación padres/hijos (no estar en constante lucha)…

Este artículo no ha sido sino una invitación a la reflexión sobre ¿una enfermedad de nuestro tiempo?

Miguel Ãngel Heredia García
Presidente de la Fundación Piquer y Director del Colegio de Verano Piquer

Archivo: General

Comments are closed.